jueves, 8 de diciembre de 2016

Noctámbulo





Cautivo de vigilias infinitas
busco en el laberinto del recuerdo
el cuerpo de la culpa...
sólo encuentro una huella
-difusa-
en el pellejo del camino.

En los confines de la soledad
no hay límite a la angustia
y en la luna turbada de las aguas
te reflejas
-forma-
en huracanadas confusiones,
eres allí timón que no navega,
casco averiado por mil hielos de miedo;
mas tú
Aliento
-quebrado por la voz de caverna-
resistes al naufragio;
por eso desde mi canto de tormentos
pretendo -pugna inútil-
colorearte un faro,
darte el tronco que flote en tus aristas
o la liana silvestre del seseo,
para que allí afianzada
la incierta vida
halle la salvación de que precisa,
o al menos
la mínima conquista
de navegar encarando las aguas
-afligida Alma mía-
hasta alcanzar el puerto que en mi carta
marca la verde estrella fugitiva.

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