lunes, 12 de diciembre de 2016



Siempre fuimos
sensibilidad o rencor casi nunca evidentes
péndola en el trapecio de la vida en la que el codicioso ego fluctuaba
nunca el fiel del afecto,
siempre aguja que punzó las entrañas
e hizo añicos la dicha que nacía cubierta por la dulce zalema
o el abrazo ceñido por el hueso en ausencia.

¿Qué reclamas hoy día que nos cubre la noche
y el pulmón taciturno se hace clamor que ahoga?
¡Ya no hay tren de retorno!           
El tiquete que parte brinda como destino
el patíbulo incruento de los desasosiegos.

¿Quién fue qué, cuándo, cómo y en dónde?
¡Ya no es hora de cómputos!
La matemática de las ecuaciones no despeja la incógnita
y en el envés que traen los mercurios, obstinado invidente por vestigio,
ya no hay segunda instancia y la luna bruñida
reflecta espectros de sol sobre el semblante.

¡Ojo verso, el lapso te ha convertido en máscara!



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