martes, 27 de septiembre de 2016

Gime razón: ja, ja, ja, 



¡Jaime Garzón!,


Como siempre:
desde todos los lugares te asomas;
impertérrito ahora,
inmortalizado
y por ende más patético;
seguirás siendo,
como todo redentor, espejo
para tanto y tanto hipócrita y fariseo
que incapaz de comprender
tus irónicas parábolas y cáusticos axiomas
reclama por tu ausencia
y protesta tu muerte con llanto y dolor.

No te has ido
te hemos hecho perenne
por una carcajada que seguirá gritando
la intolerancia
con que te hemos sacrificado
en el absoluto egoísmo
al no date cabida sincera
en el corazón para rendirte,
en vida,
el mínimo tributo de la aceptación
que hoy,
tu muerte, denuncia como farsa.

Incapaces de asimilar
tus técnicas de combate
contra los demonios internos
desbordamos
contra el fantasma de que te investimos
toda la alevosía de nuestra ingratitud
y sin embargo te marchas
arropado sólo
con el leve y venturoso manto de tus risas
y nos dejas desnudos
con nuestro fatal ropaje de violencia
que el corazón aún
se resiste a reconocer.

Hoy te hemos liberado
para nuestra propia condena.

Gracias por tu perdón
anticipado...

¡No fuimos dignos de ti!
                                                                 
                                                                 Asesinado el 13 de agosto de 1999



Juez, no barajas ni en tono 




¡Jesús Antonio Bejarano!,


Hasta donde el bruto permitió
inclusive con tu nombre
predicaste la verdad,
la que no comprenden tantos
que pretenden justicia
sobre un océano de sangre,
y paz
bajo un manto de terror.

Hoy has quedado expuesto
a los sentidos
de quien esté en capacidad de no ahogarlos
con pequeños retazos blancos
que exhiben como lemas
que no viven
y que se adornan
con símbolos que no representan
lazos para unir espíritus
sino nudos para acuñar capitales
que hacen más patética la doble faz
de la máscara con que discurren la vida
quienes los proporcionan.

Tu enseñaste
cómo se debe querer la paz:
viviéndola
hasta dejarte inmolar por ella,
no volviéndola baratija de mercado,
lema de lienzo.

Tu gruesa voz seguirá resonando,
hoy acrecentada por el eco del martirio,
en los oídos hipócritas que dirán
dolerse por tu ausencia
aunque no se conmovieron por tu soledad
en la brega
y menos te dieron acogida
para preservarte con su tolerancia y comprensión.

Tu sicario,
como cualquier intolerante,
de cualquier grado, es
'jues que no baraja ni en tono'
-eso dice el anagrama de tu nombre-
que incapaz de cualquiera otra
perspectiva o sendero
arrojó tus frutos al mar de la muerte
pretendiendo con ello conservar el precio
de su propia podredumbre;
y para colmo de aberraciones:
de nuevo y de manera oficial
"se ofrece recompensa por delación",
lo que significa
quitarle el valor al valor
para ponerle precio
y, como ha sido evidente,
obtener con ello sólo la misma impunidad
y la perpetuidad de un negocio
en el que compiten
el segador de vidas y el de conciencias
por alcanzar la mayor cotización.

¡Siquiera te moriste Jesús Antonio
sin tener que ahogarte en el pantano!

                                                                              Asesinado el 15 de septiembre de 1999

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