Fotografía:
Juliana Montoya Pérez
Tú, no lo has entendido
bien, por no darle cabida a los sueños y vivir brindando por el tedio. Los
sueños son milagros, criaturas en el seno de un anhelo y en tránsito de
alumbramiento; puede ser su quirófano: un aula de clase bajo la galbana de
aurora, a las seis; o una grada en la ‘zona verde’ de los exteriores del
bloque; y, por qué no, la barra del cafetín donde el aroma a café desplaza los
hedores de un ‘te-quiero’: ‘verde’, de envidia, o, ‘rojo’, de furia; pero los
lugares donde suelen tener mejor vida, son las butacas de los cinemas y las
raíces de los árboles, en un parque, sosegado por aire libre y ratificado por
los testimonios de un libro.
Tú, que recelas del
espíritu de los duendes, como de la salud de mi juicio, me vituperas por mis
fantasías e inmolas a tu imaginación, dominado por tu pragmatismo patológico.
No puedo dotarte de alas para que remontes al teatro de las emociones y
experimentes el espectáculo de las utopías, este es el mundo de ‘el loco’, y
‘la cuerda’ que te ata, hace imposible que te levantes de tu morada: el piso, y
pongas un pie fuera de la cama en que te tumbas: la abulia; tu estado no me
turba; me sigue deslumbrando el universo de lo diminuto, donde: una lágrima que
se precipita por otra mejilla, humedece mis ojos porque sé que riega una
desdicha; una sonrisa que hace paréntesis sobre una boca, enmarca un placer que
me embriaga, porque estoy seguro que la despierta algo dulce; unos labios que
tiemblan, denotan el agobio de una tortura que me mata, porque la siento en mis
carnes; pero otros, que besan, cobijan
con el bálsamo del alivio, que dilata mí ser, porque se me antoja lluvia
redentora en un desierto; y, ¡como nada es gratis!, yo también río y lloro y
tiemblo y enmudezco y voy solo a los cines y me planto en los árboles a
reconocer hojas para retener folios: ¡soy feliz a pesar de tu augurio!; tú, no
tienes argumentos para demostrarme lo contrario. En fin, por eso, sólo quien
observa el mundo con los sentidos abiertos y el espíritu dispuesto, ¡vive en
júbilo!
— OMAR CROSA
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