lunes, 12 de septiembre de 2016

¡VIVE EN JÚBILO!

                                                                                        Fotografía: Juliana Montoya Pérez


Tú, no lo has entendido bien, por no darle cabida a los sueños y vivir brindando por el tedio. Los sueños son milagros, criaturas en el seno de un anhelo y en tránsito de alumbramiento; puede ser su quirófano: un aula de clase bajo la galbana de aurora, a las seis; o una grada en la ‘zona verde’ de los exteriores del bloque; y, por qué no, la barra del cafetín donde el aroma a café desplaza los hedores de un ‘te-quiero’: ‘verde’, de envidia, o, ‘rojo’, de furia; pero los lugares donde suelen tener mejor vida, son las butacas de los cinemas y las raíces de los árboles, en un parque, sosegado por aire libre y ratificado por los testimonios de un libro.
Tú, que recelas del espíritu de los duendes, como de la salud de mi juicio, me vituperas por mis fantasías e inmolas a tu imaginación, dominado por tu pragmatismo patológico. No puedo dotarte de alas para que remontes al teatro de las emociones y experimentes el espectáculo de las utopías, este es el mundo de ‘el loco’, y ‘la cuerda’ que te ata, hace imposible que te levantes de tu morada: el piso, y pongas un pie fuera de la cama en que te tumbas: la abulia; tu estado no me turba; me sigue deslumbrando el universo de lo diminuto, donde: una lágrima que se precipita por otra mejilla, humedece mis ojos porque sé que riega una desdicha; una sonrisa que hace paréntesis sobre una boca, enmarca un placer que me embriaga, porque estoy seguro que la despierta algo dulce; unos labios que tiemblan, denotan el agobio de una tortura que me mata, porque la siento en mis carnes;  pero otros, que besan, cobijan con el bálsamo del alivio, que dilata mí ser, porque se me antoja lluvia redentora en un desierto; y, ¡como nada es gratis!, yo también río y lloro y tiemblo y enmudezco y voy solo a los cines y me planto en los árboles a reconocer hojas para retener folios: ¡soy feliz a pesar de tu augurio!; tú, no tienes argumentos para demostrarme lo contrario. En fin, por eso, sólo quien observa el mundo con los sentidos abiertos y el espíritu dispuesto, ¡vive en júbilo!


  OMAR  CROSA



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