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martes, 13 de diciembre de 2016

Te amo contra elmuro destruido



Imagen tomada de: http://www.cervantesvirtual.com/portales/homero_aridjis/

Te amo contra el muro destruido
contra la ciudad y contra el sol y contra el viento
contra lo otro que yo amo y se ha quedado
como un guerrero entrampado en los recuerdos.

Te amo contra tus ojos que se apagan
y sufren adentro esta superficie vana
y sospechan venganzas
y muertes por desolación o por fastidio

Te amo más allá de puertas y esquinas
de trenes que se han ido sin llevarnos
de amigos que se hundieron ascendiendo
ventanas periódicas y estrellas

Te amo contra tu alegría y tu regreso
contra el dolor que astilla tus seres más amados
contra lo que puede ser y lo que fuiste
ceremonia nocturna por lugares fantásticos.

Te amo contra la noche y el verano
contra la luz y tu semejanza silenciosa
contra el mar y septiembre y los labios que te expresan
contra el humo invisible de los muertos.

                                                            Autor: Homero Aridjis

viernes, 9 de diciembre de 2016

Nocturno difunto




Desde que despojada de tu cuerpo
te escondiste en el aire,
yo siento mi existencia más honda en el misterio,
como si mis manos, alargadas por las tuyas
inmensas en el cielo,
en levantado avance
ya tocaron la astronomía sin fin...

Estoy como en los ríos
que a pesar de correr sumisos a su cauce,
por su mortal marino abocamiento
también están ligados
a las aguas del mar donde se acendran.

Por la ventana que al morir dejaste
abierta en la penumbra,
he podido mirar
mi aventajada muerte
persiguiendo tus huellas espaciales,
y tengo la certeza de que me estoy rodando
indeteniblemente
en el hambre del vaso universal,
igual que el humo libre que la atmósfera atrae
y no puede, aunque quiera, regresarse a su lumbre.

Estoy seguro de que cada día
mi sangre que te busca, se evapora
ganando altura transformada en nubes,
y parte de mí
ya vuela en el espacio, emparentada.

Desde tu muerte, siento que te guardo
como un lucero íntimo
que medita en la noche de mi entraña,
disuelto como el azúcar en el orbe líquido
y que, muchas veces, te denuncias asomando
tu espiritual dulzor en mi saliva amarga.

Desde que tu voz, por el silencio amortajada,
dejó de hablar para encender palomas
sobre el árbol del viento, en que cantan
con insepultos ecos
la profunda madurez
del idioma flotante de tu ausencia,
yo palpo -al escuchar-
el molde vivo que en el aire horada
tu falta de materia, que es ternura
siempre en acecho que acaricia y roba.

Yo creo que tu cósmico deleite
es atraerme a tu pasión de vuelo,
a tu girar errante,
porque ya tu misión es recoger
esta fracción de ti que aún perdura
en el fluvial ramaje de mis venas.

No puedo definir dónde te encuentras,
pero sí te adivino circundante
en un arribo de alentada fuga,
que exacerba mis ansias en un filial apego
al resplandor sin luz de tus imanes.

¡Qué plenitud vacía
te dibuja en el fondo de mis ojos
que no te ven, pero que sí me permiten
que hasta la fuente de mis sueños bajes
y quedes a su impulso vinculado!
¡Cuánto tiempo de estar solo y contigo
habitándome a solas,
como la llama al fósforo en el letargo,
o a la uva, el espíritu del vino!

Yo soy una ambulante sepultura
en que reposa tu fugitiva permanencia
que me va madurando, lentamente,
hasta que mi energía entumecida
se adiestre en vuelo que recobre estrella.

Inmerso en mi conciencia desarrollas
un pensante silencio que se atreve
a conversar sin mí. Yo lo descubro
reviviendo recuerdos en mi oído:
es como el nacimiento de sollozos
que se produce cuando el agua cae
sobre la carne viva de las brasas.

Al derribarse tu estatura en polvo
formaste la marea
del vislumbre mortal que me obsesiona,
y no hay sitio, temor, espera o duda
en donde tú, como trasfondo en alba,
no finques la silueta de tu amparo.

En mi vigilia, a oscuras,
como los ciegos sigo con el tacto
los relieves que escribes en el papel nocturno,
y los capto agitados en asedio amoroso:
amor de un muerto que jamás olvida
la sangre que ha dejado trasvasada.


Yo quisiera que la imagen que de ti conservo
se azogara la espalda,
para mirar, siquiera unos instantes,
cómo el deslinde al incolor procrea
tu claridad auténtica de ángel.

                                         Autor: Elías Nandino

viernes, 2 de diciembre de 2016

Íntimos





¿No te interesa mi amor? –me preguntó con amargura.
Le pasé el espejo y le dije:
¡Tenga a bien dirigirle esas preguntas a quien corresponda!
¡Tenga a bien formular todos sus pedidos a la central!
¡En todos los asuntos de importancia emotiva,
tenga a bien entenderse directamente con la autoridad suprema!
De modo que le pasé el espejo.
Y ella me lo hubiera partido en la cabeza
pero se fijó en su reflejo
y esto la mantuvo fascinada durante dos segundos
mientras yo huía.

                                                            Autor: David Herbert Lawrence

viernes, 25 de noviembre de 2016

Velas


                       Imagen tomada de: http://www.lacasadelterror.com/articulo-713/EL_JUEGO_DE_LAS_100_VELAS.html 

Frente a nosotros,
como una fila de velas encendidas
–radiantes, cálidas y vivas–
están los días del futuro.

Los días del pasado son
esas velas apagadas:
las más cercanas todavía humeantes,
las más lejanas encorvadas, frías,
derretidas.

No quiero verlas.  Me entristece
recordar su brillo.
Frente a mí miro las velas encendidas.

No quiero mirar hacia atrás y asustarme:
cuán rápido la negra fila avanza,
cuán rápido las velas apagadas crecen.

Autor: Constantino Kavafis

martes, 8 de noviembre de 2016

Un moribundo sobre el valle



En frente de sus ojos de invierno se empañaban los paisajes.
La vida se fugaba por la flor calcinante de su herida,
como un perfume nacido en las entrañas de la muerte.
Reposaban sus manos sobre el vientre de la tierra
como oscuras raíces arrancadas de noche por el viento.
Sus venas se secaban como ríos lanzados al verano.
La sombra de los pájaros florecía en el árbol de su cuerpo,
como un pétalo oscuro en un marfil cargado de silencio.
Parecía que los montes se alejaban tocados por su aliento.
Golpeaban como puños los gritos encerrados en su pecho.
Los caminos recorrían como largas serpientes temerosas,
huyendo de la muerte que devoraba a un hombre sobre el valle.
En alas impalpables de suspiros se iban los recuerdos.
Insistía en quedarse quizás alguna novia de la infancia,
y su frente de cera se iba quedando atrás del pensamiento.
De sus pupilas turbias se apartaba el rebaño de las nubes.
El cabello dorado de los trigos huía de sus dedos.
El rumor de las fuentes se fue apagando cerca de su oído.
Se fue quedando solo en un lecho de grama atardecida.
Apenas sí sentía su corazón profundo como un llanto pequeño.
Era un llanto de niño que quedó clausurado por un golpe
             de viento.
                                                                                Auror: Carlos Castro Saavedra




miércoles, 2 de noviembre de 2016

Cada poema






Cada poema un pájaro que huye
del sitio señalado por la plaga.
Cada poema un traje de la muerte
por las calles y plazas inundadas
en la cera letal de los vencidos.
Cada poema un paso hacia la muerte,
una falsa moneda de rescate,
un tiro al blanco en medio de la noche
horadando los puentes sobre el río,
cuyas dormidas aguas viajan
de la vieja ciudad hacia los campos
donde el día prepara sus hogueras.
Cada poema un tacto yerto
del que yace en la losa de las clínicas,
un ávido anzuelo que recorre
el limo blando de las sepulturas.
Cada poema un lento naufragio del deseo,
un crujir de los mástiles y jarcias
que sostienen el peso de la vida.
Cada poema un estruendo de lienzos que derrumban
sobre el rugir helado de las aguas
el albo aparejo del velamen.
Cada poema invadiendo y desgarrando
la amarga telaraña del hastío.
Cada poema nace de un ciego centinela
que grita al hondo hueco de la noche
el santo y seña de su desventura.
Agua de sueño, fuente de ceniza,
piedra poderosa de los mataderos,
madera en sombra de las siemprevivas,
metal que dobla por los condenados,
aceite funeral de doble filo,
cotidiano sudario del poeta,
cada poema esparce sobre el mundo
el agrio cereal de la agonía.

Autor: Álvaro Mutis