Un moribundo sobre el valle
En
frente de sus ojos de invierno se empañaban los paisajes.
La
vida se fugaba por la flor calcinante de su herida,
como
un perfume nacido en las entrañas de la muerte.
Reposaban
sus manos sobre el vientre de la tierra
como
oscuras raíces arrancadas de noche por el viento.
Sus
venas se secaban como ríos lanzados al verano.
La sombra
de los pájaros florecía en el árbol de su cuerpo,
como
un pétalo oscuro en un marfil cargado de silencio.
Parecía
que los montes se alejaban tocados por su aliento.
Golpeaban
como puños los gritos encerrados en su pecho.
Los
caminos recorrían como largas serpientes temerosas,
huyendo
de la muerte que devoraba a un hombre sobre el valle.
En
alas impalpables de suspiros se iban los recuerdos.
Insistía
en quedarse quizás alguna novia de la infancia,
y su
frente de cera se iba quedando atrás del pensamiento.
De
sus pupilas turbias se apartaba el rebaño de las nubes.
El
cabello dorado de los trigos huía de sus dedos.
El
rumor de las fuentes se fue apagando cerca de su oído.
Se
fue quedando solo en un lecho de grama atardecida.
Apenas
sí sentía su corazón profundo como un llanto pequeño.
Era
un llanto de niño que quedó clausurado por un golpe
de
viento.
Auror:
Carlos Castro Saavedra
Imagen tomada de: http://www.oem.com.mx/elsoldeirapuato/notas/n4249418.htm
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