sábado, 19 de noviembre de 2016

Confesión de parte



Mamá, innegable origen de mí ser específico en diseño:

Para mi desdicha y en favor de mi extorsión, no me consta qué tan diáfanos y minuciosos hayan sido los códigos bajo los que sufriste la dominación y no puedo ofrecerte más antídoto que una minusválida reflexión.

Puedes constatarlo por ti misma: hasta los cartabones metálicos suelen ser sujeto de distorsión; por eso, el método más eficaz para obtener los resultados estimados es aplicar la pertinencia; así que, para estar siendo imperativa con la sumisión, ha de ser porque en tus tiempos fuiste dócil y obsecuente; ¿puedo ponerlo en duda?

Cuando decida mi residencia personal y proyecte los vástagos de mi particular linaje, me aseguraré de ser el arquetipo de la norma; es un poco más grueso de deglutir, pero sabe más dulce y tú erudición te capacita para comprender por qué adoramos los ‘peques’ los ‘caramelos’. Haré mis mejores esfuerzos por orientar con amor para no tener que gobernar, porque tengo el convencimiento de que por cuenta de un ‘excelente gobierno’ a ti también te llegaron a ampollar el culito y a plantarte cardenales en las piernas como pena del ‘consejo hegemónico’ de papá que a mamá educa a punta de soga en la nuca.

Para mí rige la razón, que está por encima de cualquier democracia y no precisa de ‘campañas’ –electorales o de cualquier otra índole–, con lo que resultan inútiles las votaciones, siempre y cuando te dignes otorgarle reconocimiento.

Somos vástago y madre por las ‘gracias de dos’; y yo acepto, como hechos inexorables: mi obligación de vivir y el ‘privilegio inocente’ bajo el que me engendraron, implantado por el ‘misionero’ que en aquellos otros tiempos ejecutaron sin el ‘método de Descartes’, para hacerme responsable, como efecto de su ‘pequeña muerte’. Al transigir, me lucro en el ejercicio de mi destino como vástago. No soy quien te engendró; nuestras mentes son divergentes y, aunque nos propusiéramos compartir algunas cosas, es improbable que podamos ser copartícipes; los atractivos nos separan… para tu infortunio: ¡soy homosexual! No eres mi amiga, de esas tienes montones, y vástagos también somos varios.

En tus dominios haré lo que tú digas por la imposibilidad de cuestionarte: todo lo ordenas por amor a tu hegemonía y la intolerancia a mi individualidad. Te será fácil discernirlo en el instante en que te plantees regresar a ser la hija; mientras eso ocurre, puedes estar segura…

Amor-osa-mente, vástago impertinente.

                —  Omar Crosa

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