sábado, 5 de noviembre de 2016

Serenata






La llovizna arpegiaba en los cristales
vetusta melodía, con alusiones húmedas
de un exterior, más íntimo en mi alma.

Sobre el aire cantaba una dulzaina
con besos, con sabor a amanecer:
alguien en mi epidermis describía
una escala, de abusos con partitura
para noche de pieles erizadas…

Cerré los ojos, reviví la noche…
al abrirlos mi espíritu, sumergido,
desde el agua me urgía a deshacer vitrales.

Quebré mi sueño en dos…
por la ventana huyó la fiebre de la madrugada
y en mí el agua afinó las disonancias.



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