jueves, 10 de noviembre de 2016

Desconsuelo






La angustia atrona lo más exiguo de mis días,
nada declara el aire, gorgoritea enigmas
que aturden los sentidos descompuestos;
los pájaros abandonados por el nervio
recluyeron su desprovisto cuerpo entre otras hojas
dejando mi desnudez desahuciada;
sólo queda de mí la huida en quejas
que aprisionan mis cantos
y el estremecimiento entre las pieles
de las palabras que me desvencijan;
cualquier acto de amor es un lisiado
que repta ante el vilipendio de la fuerza,
cualquier reproche voz hacia el vacío
que no azora ¡al cinismo de las hienas!

Por defecto el espíritu se rehúsa
a claudicar en la orfandad y el miedo,
¡pendencia!, con el verbo fracturado
por el tremor que convulsiona al ánimo
el apercibimiento de las fauces
que oliscan en la brisa y balsopeto
el corazón que sacie su barbarie…

¡Ya no hay músculo, late la congoja!

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