Nos delatan las argucias
Un ‘cuentococo’ de
Maria Isabel
Moreno Mercader
-Hecho
poema y titulado-
Imagen tomada de: https://pixabay.com/es/mujer-personas-sombra-mar-playa-20170/
¿Acaso es imperioso ser diáfanos?...
Calas la almohada con la cadencia del cuco,
y si le das la vuelta no la hallas
más helada que tú ni más transida;
asumes el lecho, como un mínimo atolón de Crusoe
y al creer olvidada tu capacidad, para flotar
perseveras en que alguien acuda en tu rescate,
con la ilusión de que, aún, nadie se ofrezca;
tus ojos, bien abiertos, aparecen temblando
por temor a que su sombra se bosqueje en la puerta…
requieres habitar la oscuridad insondable
para no reconocer su imagen en tus telones.
Calas la almohada con la cadencia del cuco,
y si le das la vuelta no la hallas
más helada que tú ni más transida;
asumes el lecho, como un mínimo atolón de Crusoe
y al creer olvidada tu capacidad, para flotar
perseveras en que alguien acuda en tu rescate,
con la ilusión de que, aún, nadie se ofrezca;
tus ojos, bien abiertos, aparecen temblando
por temor a que su sombra se bosqueje en la puerta…
requieres habitar la oscuridad insondable
para no reconocer su imagen en tus telones.
Aunque no lo hayas hecho manifiesto
lo sé:
lo sé, porque es indiscutible y palmario
que nos propulsa la misma sangre
así su tipificación nos declare diferentes
y aunque el mismo corazón que pulsa
nos haga incompatibles para algún trasplante…
lo sé, porque es indiscutible y palmario
que nos propulsa la misma sangre
así su tipificación nos declare diferentes
y aunque el mismo corazón que pulsa
nos haga incompatibles para algún trasplante…
¡Cómo no voy a saberlo si nos
apuñalaron a la vez…
y en el mismo hospital nos desangramos!
y en el mismo hospital nos desangramos!
Nos delatan las argucias.
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